Un hombre que había cargado a un asno con una imagen lo llevaba a la ciudad. La gente con que se encontraba se arrodillaba a adorar la imagen y el asno interpretó que lo adoraban a él, por lo que rebuznaba orgulloso y ya no quería seguir adelante. Y el arriero, dándose cuenta de lo que ocurría, mientras le pegaba con la vara, le dijo: «¡Qué mala cabeza, sólo faltaba que los hombres se arrodillasen a adorar a un asno!».
Los que se ufanan con los bienes ajenos se exponen a la risa de los que los conocen.Moraleja
Nº 267El asno revestido con piel de león y la zorraUn asno revestido con la piel de un león iba de un lado a otro asustando a los animales. Y en esto que, al ver a una zorra, intentó también…Leer la fábula →
Nº 201El león y la ranaAl oír un león croar a una rana, se volvió hacia el lugar de donde provenía el ruido, pensando que había un animal grande. Pero, al cabo de un rato,…Leer la fábula →
Nº 326El topo y su madreUn topo —animal ciego— dijo a su madre que veía. Y ella para probarle le dio un grano de incienso y le preguntó qué era. El topo respondió que una…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.