Un caminante que ya llevaba un largo trecho, rendido por la fatiga, se echó a dormir tumbado junto a un pozo. Estaba ya casi a punto de caerse y la Fortuna se le apareció, lo despertó y le dijo: «¡Eh tú!, si te hubieras caído no culparías a tu propia insensatez, sino a mí».
Muchos hombres, cuando son desafortunados por sí mismos, culpan a los dioses.Moraleja
Nº 32La zorra y las uvasUna zorra hambrienta, al ver unos racimos que colgaban de una parra, quiso apoderarse de ellos, y no pudo. Apartándose, se dijo a sí misma: «Están…Leer la fábula →
Nº 38La zorra y el mono elegido reyEn una asamblea de animales un mono se puso a bailar, se ganó a los demás y lo eligieron rey. La zorra, sintiendo envidia de él, al encontrar en una…Leer la fábula →
Nº 156El citaredoUn citaredo falto de aptitudes cantaba sin cesar en una casa encalada; como su voz resonaba contra las paredes pensó que tenía una voz muy buena y,…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.