aesopica.
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FábulaNº 261

El caminante y la Fortuna

Un caminante que ya llevaba un largo trecho, rendido por la fatiga, se echó a dormir tumbado junto a un pozo. Estaba ya casi a punto de caerse y la Fortuna se le apareció, lo despertó y le dijo: «¡Eh tú!, si te hubieras caído no culparías a tu propia insensatez, sino a mí».

Muchos hombres, cuando son desafortunados por sí mismos, culpan a los dioses.
Moraleja

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