Un hombre que acababa de cometer un asesinato era perseguido por los parientes de la víctima. Al llegar a orillas del Nilo, se encontró con un lobo y, asustado, trepó a un árbol de la ribera para esconderse. Pero allí vio una serpiente que subía hacia él, así que se dejó caer al río, donde un cocodrilo lo devoró.
Ni la tierra, ni el aire ni el agua ofrecen refugio a los criminales perseguidos por la justicia.Moraleja
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