Unos pastores que sacrificaban una cabra en el campo invitaron a los vecinos. Con ellos había también una mujer pobre, con la que estaba su hijo. En el transcurso del banquete, el niño, con la tripa hinchada por la carne y sintiéndose mal, dijo: «Madre, vomito mis entrañas». La madre le dijo: «No las tuyas, hijo, sino las que te has comido».
*Quien se apropia con gusto de los bienes ajenos suele lamentar tener que devolverlos.Moraleja
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