Un pajarero, al presentársele un huésped bastante tarde y no teniendo qué servirle, echó mano de una perdiz doméstica e iba a sacrificarla. Ésta le acusó de desagradecido, ya que, aunque le había sido muy útil al llamar y entregarle a las de su misma especie, él estaba dispuesto a matarla; él dijo: «Por eso con más razón te voy a sacrificar, porque ni siquiera perdonas a las de tu especie».
Los que traicionan a los suyos no sólo son odiados por los perjudicados, sino también por aquellos a quienes su traición beneficia.Moraleja
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