Un pobre gravemente enfermo prometió a los dioses sacrificar cien bueyes si le salvaban la vida. Los dioses lo restablecieron rápidamente para ponerlo a prueba. Como no tenía bueyes verdaderos, modeló cien figuras de sebo, las quemó sobre un altar y dijo: «Recibid mi promesa, dioses». Los dioses, queriendo engañarlo a su vez, le enviaron un sueño en el que se le ordenaba ir a la playa, donde encontraría mil dracmas áticas. Lleno de alegría, corrió hasta la costa, cayó en manos de unos piratas y, vendido por ellos, produjo precisamente mil dracmas.
*El mentiroso suele quedar al descubierto por sus propias palabras.Moraleja
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