aesopica.
ENFRESDEIT
FábulaNº 88

La mujer y el marido borracho

El marido de una mujer era un completo borracho; y queriendo apartarle ella de su vicio, tramó lo siguiente: esperó a que estuviese adormecido por la bebida y sin sentido, como un muerto, y, cogiéndolo a cuestas y llevándolo al cementerio, lo dejó en el suelo y se marchó. Cuando calculó que ya estaría despejado, se acercó a la puerta del cementerio y empezó a dar golpes en ella. Al decir él: «¿Quién es el que golpea la puerta?», la mujer respondió: «Soy yo que traigo la comida a los muertos». Y él: «Mejor, amiga, tráeme de beber y no de comer, pues me pones muy triste recordándome la comida, pero no la bebida». Ésta, golpeándose el pecho, dijo: «¡Ay de mí, desdichada!, pues lo que urdí no me fue útil en absoluto; pues tú, marido, no sólo no te has corregido, sino que incluso te has puesto peor y tu vicio se te ha convertido en hábito».

No hay que echar raíces en las malas acciones. Pues llega un momento en que se impone el hábito al hombre, incluso aunque él no quiera.
Moraleja
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