Un astrónomo tenía la costumbre de salir cada tarde y observar las estrellas. Y, en cierta ocasión en que daba un paseo por las afueras y escrutaba con toda su atención el cielo, sin darse cuenta cayó en un pozo. Mientras se lamentaba y daba gritos, uno que pasaba cerca, al oír sus lamentos, se acercó y, comprendiendo lo sucedido, le dijo: «¡Hombre!, tú que intentas ver lo del cielo, ¿no ves lo que hay en la tierra?».
*Quien presume de hacer maravillas puede fracasar en las tareas más corrientes.Moraleja
Nº 95Los delfines, las ballenas y el gobioDelfines y ballenas luchaban entre sí. Como la disputa se hiciese muy violenta, salió a la superficie un gobio (es éste un pez pequeño) e intentaba…Leer la fábula →
Nº 199El león, la zorra y la ciervaUn león que, enfermo, estaba echado en una sima dijo a su amiga la zorra con la que tenía relación: «Si quieres que yo sane y viva, trae a mis manos…Leer la fábula →
Nº 269El asno, el gallo y el leónEn cierta ocasión un gallo comía juntamente con un asno. Al acercarse un león al asno, el gallo gritó; y el león —pues dicen que éste teme la voz del…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.