Unas ranas, molestas por su propia anarquía, enviaron embajadores a Zeus, pidiendo que les proporcionase un rey. Zeus, al comprender su simpleza, dejó caer un leño a la charca. Y las ranas, primero, espantadas por el ruido, se sumergieron al fondo de la charca. Después, puesto que el leño estaba inmóvil, salieron y llegaron a tal grado de confianza que, subiéndose a él, se sentaron encima. Indignadas de tener tal rey, llegaron por segunda vez ante Zeus y le pidieron que les cambiase el gobernante, pues el primero era demasiado negligente. Y Zeus, irritado con ellas, les envió una culebra de agua que, atrapándolas, las devoró.
Es mejor tener gobernantes sumisos y sin maldad que intrigantes y malvados.Moraleja
Nº 4El águila y el escarabajoUn águila perseguía a una liebre. Ésta, ante la ausencia de alguien que le prestara ayuda, al ver un escarabajo, lo único que la suerte le…Leer la fábula →
Nº 118Zeus y la vergüenzaCuando Zeus modeló a los hombres, insufló en ellos los demás sentimientos, pero olvidó la vergüenza. Y al no saber por dónde introducirla, ordenó que…Leer la fábula →
Nº 125Zeus y la tortugaCuando Zeus se casó, invitó al banquete a todos los animales. Sólo faltó la tortuga, y Zeus, corno ignoraba el motivo, al día siguiente le preguntó…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.