Un citaredo falto de aptitudes cantaba sin cesar en una casa encalada; como su voz resonaba contra las paredes pensó que tenía una voz muy buena y, animado por eso, resolvió que debía ir también al teatro. Pero una vez en la escena, como de hecho cantaba muy mal, lo echaron a pedradas.
También, algunos oradores que en las escuelas parece que son alguien, cuando llegan a la política se muestran dignos de nada.Moraleja
Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.