En un mirto vivía un tordo. Por el dulzor de su fruto no se alejaba de él. Un pajarero, al observar que el tordo tenía predilección por ese lugar, lo cazó con liga. El tordo, a punto de morir, dijo: «¡Miserable de mí, que por el dulzor de la comida me privo de la salvación!».
*Quien se entrega al placer puede acabar sacrificándole la vida.Moraleja
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