Un grajo que se distinguía de los demás por su tamaño, menospreciando a los de su especie se unió a los cuervos y se creía digno de vivir con ellos. Éstos, que no reconocieron su aspecto ni su canto, lo echaron a golpes. Y él, expulsado por los cuervos, se fue de nuevo junto a los grajos, que irritados por su ultraje tampoco lo recibieron. Y así le ocurrió que quedó privado de la convivencia con unos y con otros.
También, los hombres que dejan la patria y prefieren otra extraña tampoco son bien considerados en ésta por ser extranjeros. Y por sus conciudadanos son rechazados por haberlos despreciado.Moraleja
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