aesopica.
ENFRESDEIT
FábulaNº 199

El león, la zorra y la cierva

Un león que, enfermo, estaba echado en una sima dijo a su amiga la zorra con la que tenía relación: «Si quieres que yo sane y viva, trae a mis manos una cierva muy grande que habita en el bosque, engañándola con tus dulces palabras, pues deseo sus entrañas y su corazón». La zorra se marchó y encontró a la cierva retozando en el bosque. Se acercó a ella sonriente, la saludó y le dijo: «He venido para comunicarte una buena noticia. Sabes que nuestro rey, el león, es vecino mío y está enfermo y cercano a la muerte. Pues bien, deliberaba cuál de los animales reinaría después de él. Decía que el jabalí es insensato, el oso perezoso, la pantera colérica, el tigre vanidoso; la cierva es la más digna para reinar, porque es esbelta de figura, vive muchos años, su cornamenta es temible para las serpientes y, ¿para qué decir más?, has sido designada para reinar. ¿Qué tendré yo, la primera en decírtelo? Pero prométemelo, que tengo prisa, no sea que el león me busque de nuevo, pues me necesita como consejera en todo. Si me escuchas a mí que soy vieja, te aconsejo que vengas y permanezcas junto a él mientras muere». Así habló la zorra. La mente de la cierva quedó obcecada por sus palabras y fue a la gruta sin comprender lo que iba a ocurrir. El león se lanzó sobre ella aprisa, pero sólo le desgarró las orejas con sus garras. La cierva se metió rápidamente en el bosque. Y la zorra pataleó porque se había esforzado en vano. El león se lamentó rugiendo fuerte, pues el hambre y el dolor le dominaban, y pedía a la zorra que hiciese algo por segunda vez y de nuevo la trajese con engaños. Ésta dijo: «Me encargas un asunto difícil y enojoso, pero, no obstante, te serviré». Y, como un perro rastreador, siguió su rastro mientras urdía astucias, y preguntó a los pastores si habían visto una cierva herida. Éstos le indicaron que en el bosque. La encontró pastando y se detuvo desvergonzadamente. La cierva, irritada y erizando el pelo, dijo: «¡Miserable!, ya no me cogerás; si te acercas a mí no vivirás más. Aplica tu zorrería a otros necios, haz reyes a otros y entusiásmalos». La zorra dijo: «¿Eres tan floja y cobarde; tanto desconfías de nosotros tus amigos? Cuando el león te cogió de la oreja, iba a aconsejarte y a darte instrucciones sobre un reino de tanta importancia, porque estaba muriendo. Pero tú no consentiste la caricia de una mano enferma. Y ahora él está más enfadado contigo y quiere hacer rey al lobo. ¡Ay de mí, amo malvado! Anda, ven, no te asustes en absoluto y hazte como un cordero. Pues te juro por todas las plantas y manantiales, que ningún mal vas a sufrir del león; yo te serviré a ti sola». Así, volvió a engañar a la infortunada y la convenció de que fuera de nuevo. Cuando entró en la cueva, el león se dio un buen banquete, ya que devoró todos sus huesos, médula y entrañas. La zorra estaba quieta mirando y arrebató furtivamente el corazón que se había caído y se lo comió como pago de su esfuerzo. El león, escudriñando todo, sólo echaba de menos el corazón. La zorra, situada lejos, dijo: «Verdaderamente ésa no tenía corazón, no busques más; pues ¿qué corazón podría tener quien por dos veces entró a la cueva y a las garras de un león?».

El ansia de honores perturba la mente humana y no comprende la eventualidad de los peligros.
Moraleja
El boletín

Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.