Un lobo que caminaba por un campo encontró un montón de cebada; como no podía utilizarla de comida, la dejó y se fue. Pero se topó con un caballo y le condujo al campo, diciéndole que, aunque había encontrado cebada, no se la había comido, sino que se la había guardado a él porque también le gustaba escuchar el ruido de sus dientes. Y el caballo, respondiendo, dijo: «Pero ¡venga ya!, si los lobos pudieran comer cebada, nunca habrías preferido tus oídos a tu tripa».
Los malvados por naturaleza, aunque pregonen su bondad, no son creídos.Moraleja
Nº 64El labrador y el loboUn labrador, luego de desuncir la yunta, la llevaba a abrevar; un lobo hambriento y que buscaba comida, al encontrar el arado, empezó a lamer el…Leer la fábula →
Nº 318El pastor que gastaba bromasUn pastor que apacentaba su rebaño bastante lejos de la aldea continuamente gastaba la siguiente broma: llamaba, en efecto, a gritos a los aldeanos…Leer la fábula →
Nº 60El hombre y el sátiroSe cuenta que un hombre trabó amistad con un sátiro. Cuando llegó el invierno, el hombre se llevaba las manos a la boca y soplaba sobre ellas. El…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.