Un pastor que apacentaba su rebaño bastante lejos de la aldea continuamente gastaba la siguiente broma: llamaba, en efecto, a gritos a los aldeanos en su ayuda diciendo que unos lobos atacaban las ovejas. Dos y tres veces los de la aldea se asustaron y salieron fuera, volviendo después burlados. Ocurrió finalmente que una vez los lobos atacaron de verdad. Mientras saqueaban el rebaño y el pastor llamaba a los aldeanos en su ayuda, éstos, suponiendo que bromeaba como de costumbre, no se preocuparon en absoluto y así se quedó sin ovejas.
Los embusteros ganan esto: no ser creídos cuando dicen la verdad.Moraleja
Nº 225El lobo y el caballoUn lobo que caminaba por un campo encontró un montón de cebada; como no podía utilizarla de comida, la dejó y se fue. Pero se topó con un caballo y…Leer la fábula →
Nº 60El hombre y el sátiroSe cuenta que un hombre trabó amistad con un sátiro. Cuando llegó el invierno, el hombre se llevaba las manos a la boca y soplaba sobre ellas. El…Leer la fábula →
Nº 178El perro invitado a comer o El hombre y el perroUn hombre preparaba una comida, pues había invitado a uno de sus amigos íntimos. Su perro invitó a otro perro diciéndole: «Amigo, ven aquí a comer…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.