Un anciano cobarde que tenía un hijo único, valeroso y apasionado por la caza, lo vio en sueños muerto por un león. Temiendo que el sueño se hiciese real y resultase verídico, preparó una vivienda muy hermosa y elevada, donde protegió a su hijo. Pintó también la vivienda por gusto con animales de todo tipo, entre ellos un león. El hijo, cuanto más lo veía, más pena tenía. Y un día, situado cerca del león, dijo: «¡Animal malísimo!, por ti y un sueño falso de mi padre fui encerrado en una cárcel propia de mujeres, ¿qué voy a hacerte?». Y tras decir eso, echó la mano a la pared para cegar al león. Se le metió bajo la uña una espina, que le produjo un dolor agudo, y se le hinchó hasta producirse una infección. Por eso le prendió una fiebre y al poco murió. El león, aunque era una pintura, le causó la muerte, sin que fuera útil para nada el ardid del padre.
Que lo que le tenga que ocurrir a uno lo soporte con valentía y no recurra a ardides, pues no lo evitará.Moraleja
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Nº 1Los bienes y los malesLos bienes, como eran débiles, fueron perseguidos por los males, y subieron al cielo. Los bienes preguntaron a Zeus cómo habían de estar entre los…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.