Un pastor que apacentaba su rebaño cerca del mar, al verlo calmo y tranquilo, quiso navegar. Pues bien, vendió sus ovejas, compró dátiles, los cargó en una nave y se hizo a la mar. Pero, al producirse una violenta tempestad y correr peligro la nave de irse a pique, echó toda la carga al mar y se salvó con dificultad con la nave vacía. Después de unos pocos días, al acercársele uno y admirar la tranquilidad del mar —pues casualmente estaba en calma—, interrumpiéndole, dijo: «Buen hombre, de nuevo desea dátiles el mar y por eso parece que está tranquilo».
Los sufrimientos sirven de enseñanza a los hombres.Moraleja
Nº 315El pastor y el lobeznoUn pastor encontró un lobezno y lo crió; luego, convertido en cachorro, le enseñó a robar de los rebaños cercanos. El lobo, cuando aprendió, dijo:…Leer la fábula →
Nº 8El ruiseñor y el halcónUn ruiseñor, posado sobre una alta encina, cantaba según su costumbre. Un halcón, al verlo, se lo llevó consigo. El ruiseñor, viendo que su fin…Leer la fábula →
Nº 24El pescador que tocaba la flautaUn pescador experto en tocar la flauta se acercó al mar con su flauta y sus redes y, situado sobre una roca saliente, tocó primero la flauta,…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.