Un rico que tenía dos hijas, cuando murió una, contrató unas plañideras. La otra le dijo a la madre: «¡Desdichadas de nosotras, que no sabemos lamentarnos nosotras mismas cuando la pena es nuestra, y éstas, a las que en nada les concierne, se dan golpes de pecho y lloran con tanta vehemencia!». Y ella, respondiendo, dijo: «No te asombre, hija, el que ésas se lamenten de modo tan lastimero, pues lo hacen por dinero».
Algunos hombres, por ambición, no vacilan en especular con las desgracias ajenas.Moraleja
Nº 2El vendedor de estatuillasUn hombre que había tallado un Hermes de madera lo llevó a la plaza y trataba de venderlo. Como no se acercara ningún comprador y quisiera atraerse a…Leer la fábula →
Nº 292El niño que comía entrañasUnos pastores que sacrificaban una cabra en el campo invitaron a los vecinos. Con ellos había también una mujer pobre, con la que estaba su hijo. En…Leer la fábula →
Nº 10El deudor atenienseEn Atenas, un deudor a quien el prestamista reclamaba su deuda, primero le pidió que le concediera un aplazamiento, diciendo que se encontraba en un…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.