Un perro que había irrumpido en una carnicería mientras el carnicero estaba ocupado arrebató un corazón y huyó a todo correr. Cuando el carnicero se volvió y lo vio huir, dijo: «¡Eh tú!, sabe que, dondequiera que estés, me cuidaré de ti, pues no me has quitado un corazón, sino que me lo has dado».
Muchas veces los infortunios se convierten en enseñanza para los hombres.Moraleja
Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.