Un hombre que había tallado un Hermes de madera lo llevó a la plaza y trataba de venderlo. Como no se acercara ningún comprador y quisiera atraerse a alguno, pregonaba a voces que vendía un dios benefactor y proveedor de ganancias. Cuando uno de los que estaban por allí le dijo: «¡Eh tú! ¿y por qué lo vendes si tiene tales cualidades? ¿No sería mejor que tú te aprovechases de sus beneficios?», respondió: «Yo necesito beneficios rápidos y él suele proporcionar las ganancias lentamente».
*La codicia puede llevar a abandonar hasta el respeto más profundo.Moraleja
Nº 292El niño que comía entrañasUnos pastores que sacrificaban una cabra en el campo invitaron a los vecinos. Con ellos había también una mujer pobre, con la que estaba su hijo. En…Leer la fábula →
Nº 310El rico y las plañiderasUn rico que tenía dos hijas, cuando murió una, contrató unas plañideras. La otra le dijo a la madre: «¡Desdichadas de nosotras, que no sabemos…Leer la fábula →
Nº 109Hermes y la TierraZeus, tras haber modelado al hombre y a la mujer, ordenó a Hermes que los llevara a la Tierra y les mostrara dónde cavar para procurarse alimento.…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.