Unos pastores que sacrificaban una cabra en el campo invitaron a los vecinos. Con ellos había también una mujer pobre, con la que estaba su hijo. En el transcurso del banquete, el niño, con la tripa hinchada por la carne y sintiéndose mal, dijo: «Madre, vomito mis entrañas». La madre le dijo: «No las tuyas, hijo, sino las que te has comido».
*Quien se apropia con gusto de los bienes ajenos suele lamentar tener que devolverlos.Moraleja
Nº 2El vendedor de estatuillasUn hombre que había tallado un Hermes de madera lo llevó a la plaza y trataba de venderlo. Como no se acercara ningún comprador y quisiera atraerse a…Leer la fábula →
Nº 310El rico y las plañiderasUn rico que tenía dos hijas, cuando murió una, contrató unas plañideras. La otra le dijo a la madre: «¡Desdichadas de nosotras, que no sabemos…Leer la fábula →
Nº 10El deudor atenienseEn Atenas, un deudor a quien el prestamista reclamaba su deuda, primero le pidió que le concediera un aplazamiento, diciendo que se encontraba en un…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.