Una golondrina que había anidado en un tribunal echó a volar; una serpiente, deslizándose, devoró a sus crías. Al regresar ella y encontrar el nido vacío se lamentaba con gran dolor. Otra golondrina intentó consolarla y le dijo que no era ella la primera que había perdido sus crías; la otra le contestó: «No lloro tanto por mis hijos como porque me han agraviado en este lugar en el que logran ayuda los que reciben agravios».
Muchas veces son más difíciles las desgracias para los que las sufren cuando son provocadas por quienes menos lo esperan.Moraleja
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