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FábulaNº 323

La rosa y el amaranto

Un amaranto que crecía junto a una rosa dijo: «¡Qué flor más hermosa y deseable eres para dioses y hombres!, te felicito por tu belleza y por tu aroma». Ésta dijo: «Yo vivo por poco tiempo, amaranto, y, aunque nadie me corte, me marchito; sin embargo, tú floreces y vives siempre tan joven».

Es mejor perdurar contentándose con poco que, por darse importancia poco tiempo, sufrir un cambio desafortunado o incluso morir.
Moraleja

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