Avispas y perdices, atormentadas por la sed, fueron a ver a un labrador a pedirle de beber y le prometían que, a cambio del agua, le devolverían este favor: las perdices removerían sus viñas, las avispas, revoloteando en círculo, ahuyentarían a los ladrones con sus aguijones. El labrador dijo: «Tengo dos bueyes que, sin prometer nada, hacen todo; por tanto, es mejor darles a ellos que a vosotras».
*Las promesas de ayuda no valen nada cuando causan daño en lugar de beneficio.Moraleja
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