Un adivino se ganaba su pan instalado en la plaza. Se le acercó uno y le comunicó que su casa estaba con las puertas abiertas y que se habían llevado todo lo de dentro. Se levantó de un salto y lamentándose fue a la carrera para ver lo sucedido. Uno de los que se encontraban cerca, al verlo, dijo: «¡Eh tú!, ¿tú que pregonabas que preveías los asuntos ajenos, cómo no predijiste los propios?».
*Quien no sabe gobernar su propia vida no debe pretender dirigir los asuntos ajenos.Moraleja
Nº 48El hombre mordido por una hormiga y HermesUn hombre presenció el naufragio de una nave con todos sus pasajeros y declaró que los dioses juzgaban injustamente, pues por culpa de un solo impío…Leer la fábula →
Nº 99Las encinas y ZeusUnas encinas lanzaban reproches a Zeus diciendo: «En vano fuimos traídas a la vida, pues afrontamos la tala con más violencia que todos los árboles».…Leer la fábula →
Nº 303Las dos alforjasEn otro tiempo Prometeo, que había modelado a los hombres, colgó de ellos dos alforjas, la de los males ajenos y la de los propios. Y la de los…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.