Una lámpara borracha de aceite, mientras lucía, se jactaba de que brillaba más que el sol. Pero silbó una ráfaga de viento y al momento se apagó. Al encenderla alguien por segunda vez, le dijo: «Luce, lámpara, y calla; el resplandor de los astros nunca desaparece».
No debe cegarse uno con la fama y los honores de la vida, pues todo lo que adquiera es ajeno.Moraleja
Nº 18La esclava fea y AfroditaUn amo amaba apasionadamente a una esclava fea y malvada. Ésta, con el dinero que él le daba, se arreglaba con esplendor y rivalizaba con su propia…Leer la fábula →
Nº 59El hombre y el león que caminaban juntosEn cierta ocasión caminaba un león con un hombre. Cada uno de ellos se jactaba de sí mismo. Y en el camino encontraron una estela de piedra con la…Leer la fábula →
Nº 128La mulaUna mula alimentada de buena cebada saltaba de gozo diciéndose a sí misma: «Mi padre es un caballo de rápida carrera y toda yo me parezco a él». Y en…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.