Un asno salvaje, al ver un asno doméstico en un lugar soleado, se le acercó y le felicitaba por el vigor de su cuerpo y por el buen provecho de su comida. Pero, más tarde, al verlo cargado y al arriero que iba detrás pegándole con un palo, dijo: «No te considero feliz, pues veo que tienes abundancia, no sin grandes males».
No son envidiables las ganancias que se logran con peligros y desgracias.Moraleja
Nº 268El asno que consideraba dichoso al caballoUn asno consideraba dichoso a un caballo porque era alimentado generosa y cuidadosamente, en tanto que él mismo no tenía siquiera paja suficiente, y…Leer la fábula →
Nº 6El águila con las alas cortadas y la zorraEn cierta ocasión un águila fue capturada por un hombre. Este le cortó las alas y la dejó en su casa en compañía de las gallinas. El águila estaba…Leer la fábula →
Nº 9El ruiseñor y la golondrinaUna golondrina aconsejaba a un ruiseñor que anidara bajo el mismo techo que los hombres y con ellos habitara como ella. El ruiseñor dijo: «No quiero…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.