En cierta ocasión un cervatillo dijo al ciervo: «Padre, eres más grande y más rápido que los perros y además llevas cuernos enormes para tu defensa. ¿Por qué, entonces, los temes tanto?» Y él, sonriendo, dijo: «Eso que dices es verdad, hijo; pero sé una cosa, que, cuando escucho el ladrido de un perro, al momento, no sé cómo, me doy a la fuga».
Ningún consejo fortalece a los cobardes por naturaleza.Moraleja
Nº 212El león furioso y el ciervoUn león andaba furioso. Un ciervo, al verlo así desde el bosque, dijo: «¡Ay de nosotros desdichados!, pues ¿qué no hará fuera de sí ese que en estado…Leer la fábula →
Nº 11El hombre y el etíopeUn hombre compró a un hombre negro, creyendo que su color se debía al descuido de su anterior dueño. Cuando lo llevó a su casa, lo sometió a toda…Leer la fábula →
Nº 42La zorra que nunca había visto un leónUna zorra que no había visto nunca un león, cuando por casualidad se encontró con uno, al verlo por primera vez se turbó tanto que incluso casi se…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.