Un atleta, a quien sus conciudadanos reprochaban constantemente su falta de vigor, viajó al extranjero. Cuando regresó, se jactaba de haber realizado grandes hazañas en muchos lugares y, sobre todo, de haber dado en Rodas un salto que ningún campeón olímpico podía igualar. Añadía que presentaría testigos si alguna vez llegaban a su ciudad. Entonces uno de los presentes le dijo: «Amigo, si es verdad, no necesitas testigos: aquí está Rodas; da el salto».
Cuando algo puede demostrarse con hechos, todas las palabras sobran.Moraleja
Nº 4El águila y el escarabajoUn águila perseguía a una liebre. Ésta, ante la ausencia de alguien que le prestara ayuda, al ver un escarabajo, lo único que la suerte le…Leer la fábula →
Nº 18La esclava fea y AfroditaUn amo amaba apasionadamente a una esclava fea y malvada. Ésta, con el dinero que él le daba, se arreglaba con esplendor y rivalizaba con su propia…Leer la fábula →
Nº 19Esopo en un astilleroEsopo, el fabulista, disponiendo de un rato libre, entró en un astillero. Como los obreros le provocasen con bromas y le incitasen a replicar, Esopo…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.