Un herrero tenía un perro que dormía mientras él trabajaba; a la hora de comer, en cambio, despertaba y se le ponía a su lado. El herrero, echándole un hueso, le dijo: «¡Desgraciado, dormilón!, cuando golpeo el yunque, duermes; pero cuando muevo los dientes, enseguida despiertas».
La fábula censura a los dormilones y perezosos, y que comen de los trabajos ajenos.Moraleja
Nº 175Los dos perrosUn hombre que tenía dos perros enseñó a uno a cazar y al otro lo hizo guardián de la casa. Y he aquí que cuando el cazador cogía alguna pieza, el amo…Leer la fábula →
Nº 22Los pescadores y el atúnUnos pescadores que habían salido de pesca, aunque se fatigaron durante mucho tiempo, nada capturaron, y, sentados en la barca, estaban desalentados.…Leer la fábula →
Nº 53El náufragoUn ateniense rico navegaba junto con algunos otros. Y, como se hubiera levantado una violenta tempestad y la nave zozobrara, los demás intentaron…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.