Un hombre que tenía dos perros enseñó a uno a cazar y al otro lo hizo guardián de la casa. Y he aquí que cuando el cazador cogía alguna pieza, el amo también echaba al otro una parte de ella. Enfadado el perro de caza y reprochando al otro que cuando él salía se esforzaba en todo momento, mientras que él, sin hacer nada, gozaba de sus esfuerzos, éste le dijo: «Pero no me lo reproches a mí, sino al amo que no me enseñó a trabajar, sino a devorar los trabajos ajenos».
Tampoco los niños negligentes merecen reproche cuando sus padres los educan de esa manera.Moraleja
Nº 139El caballo, el buey, el perro y el hombreCuando Zeus hizo al hombre, le dio una existencia efímera. Pero éste, sirviéndose de su propia inteligencia, cuando llegó el invierno se construyó…Leer la fábula →
Nº 183El perro y el carniceroUn perro que había irrumpido en una carnicería mientras el carnicero estaba ocupado arrebató un corazón y huyó a todo correr. Cuando el carnicero se…Leer la fábula →
Nº 184El perro dormido y el loboUn perro dormía a la puerta de una casa. Un lobo se le echó encima y el perro le pidió que no lo matara en ese momento. «Pues ahora —dijo— estoy…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.