Un pescador estaba pescando en un río. Y, cuando tendió las redes y abarcó la corriente desde todos los lados, batía el agua con una piedra atada a una gruesa cuerda, para que los peces, al huir, inevitablemente cayesen en ellas. Uno de los habitantes del lugar, sin embargo, al ver lo que hacía, le censuró por enturbiar el río y no dejarles beber agua clara. Él respondió: «Si no remuevo el río así, moriré de hambre».
También los dirigentes de las ciudades consiguen más cuando llevan sus patrias a la sedición.Moraleja
Nº 2El vendedor de estatuillasUn hombre que había tallado un Hermes de madera lo llevó a la plaza y trataba de venderlo. Como no se acercara ningún comprador y quisiera atraerse a…Leer la fábula →
Nº 4El águila y el escarabajoUn águila perseguía a una liebre. Ésta, ante la ausencia de alguien que le prestara ayuda, al ver un escarabajo, lo único que la suerte le…Leer la fábula →
Nº 10El deudor atenienseEn Atenas, un deudor a quien el prestamista reclamaba su deuda, primero le pidió que le concediera un aplazamiento, diciendo que se encontraba en un…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.