Una zorra a la que un cepo le había cortado el rabo se avergonzaba de tener que sufrir una vida insoportable, por lo que decidió que debía llevar también a las demás zorras a su misma situación para ocultar la inferioridad propia con la desgracia común. Y, después de reunir a todas, las animaba a cortarse los rabos, diciendo que el rabo no sólo era indecente, sino también que colgaba de ellas un peso innecesario. Y una le replicó: «Si eso no te conviniera, no nos lo aconsejarías».
*Los consejos nacidos del interés propio, y no de la buena voluntad, merecen desconfianza.Moraleja
Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.