Un hombre que tenía dos perros enseñó a uno a cazar y al otro lo hizo guardián de la casa. Y he aquí que cuando el cazador cogía alguna pieza, el amo también echaba al otro una parte de ella. Enfadado el perro de caza y reprochando al otro que cuando él salía se esforzaba en todo momento, mientras que él, sin hacer nada, gozaba de sus esfuerzos, éste le dijo: «Pero no me lo reproches a mí, sino al amo que no me enseñó a trabajar, sino a devorar los trabajos ajenos».
Tampoco los niños negligentes merecen reproche cuando sus padres los educan de esa manera.Moraleja
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