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Niño
Los niños de las fábulas son el apetito y la franqueza en bruto. El muchacho grita «¡el lobo!» por el placer del pánico, hasta que el pánico es real. Otro roba una tablilla en la escuela y acaba culpando a la madre que lo aplaudió. Sus travesuras revelan lo que sembraron los adultos a su alrededor. En Esopo, el niño es la semilla que ya deja ver el árbol.