Un boyero llevaba a una aldea una carreta y ésta se atascó en un hoyo profundo. Él, aunque su ayuda era imprescindible para salir del atasco, se quedó de brazos cruzados suplicando a Heracles, el único de todos los dioses al que veneraba. El dios se le apareció y le dijo: «Agarra las ruedas y aguijonea a los bueyes, y suplica a los dioses cuando tú mismo también hagas algo, o suplicarás en vano».
*Los dioses ayudan únicamente a quienes se ayudan a sí mismos.Moraleja
Nº 22Los pescadores y el atúnUnos pescadores que habían salido de pesca, aunque se fatigaron durante mucho tiempo, nada capturaron, y, sentados en la barca, estaban desalentados.…Leer la fábula →
Nº 53El náufragoUn ateniense rico navegaba junto con algunos otros. Y, como se hubiera levantado una violenta tempestad y la nave zozobrara, los demás intentaron…Leer la fábula →
Nº 67Las ranas vecinasDos ranas eran vecinas. Una vivía en una charca profunda y lejos del camino, la otra en él en muy poca agua. Y cuando la de la charca le aconsejó a…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.