Un invierno, un labrador encontró una serpiente aterida de frío. Compadecido de ella, la cogió y se la puso en el pecho. Aquélla, reanimada por el calor y habiendo recobrado su propia naturaleza, mordió a su bienhechor y lo mató. Y él, a punto de morir dijo: «Es justo lo que me pasa, por haberme compadecido de un malvado».
Las naturalezas malvadas no cambian, aunque se las trate con la mayor humanidad posible.Moraleja
Nº 6El águila con las alas cortadas y la zorraEn cierta ocasión un águila fue capturada por un hombre. Este le cortó las alas y la dejó en su casa en compañía de las gallinas. El águila estaba…Leer la fábula →
Nº 79El labrador y el águilaUn labrador que había atrapado un águila en una trampa, admirado de su belleza, la dejó libre. Ésta no se mostró desagradecida con él, sino que, al…Leer la fábula →
Nº 80El labrador y los perrosUn labrador, obligado por el mal tiempo a permanecer en su granja sin poder salir a procurarse comida, primero se comió sus ovejas. Como aún…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.