Un labrador, obligado por el mal tiempo a permanecer en su granja sin poder salir a procurarse comida, primero se comió sus ovejas. Como aún persistía el mal tiempo, también acabó con las cabras. En tercer lugar, y como no había ninguna mejoría, terminó por sacrificar los bueyes de labranza. Los perros, al ver lo que hacía, se dijeron unos a otros: «Hemos de irnos de aquí, pues si el amo ni siquiera se abstuvo de los bueyes que trabajan con él, ¿cómo nos va a perdonar la vida a nosotros?».
Hay que guardarse principalmente de quienes ni siquiera se abstienen de hacer daño a los de su casa.Moraleja
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Nº 357La pulga y el hambreEn cierta ocasión una pulga no hacía más que molestar a uno. Al atraparla le dijo: «¿Quién eres tú que te alimentas de todos mis miembros, picándome…Leer la fábula →
Nº 82El labrador y la serpiente congelada de fríoUn invierno, un labrador encontró una serpiente aterida de frío. Compadecido de ella, la cogió y se la puso en el pecho. Aquélla, reanimada por el…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.