Una cigarra cantaba en lo alto de un árbol. Una zorra, queriendo comérsela, ideó algo así: se situó enfrente para admirar su buena voz y le pedía que bajara, diciendo que deseaba ver de qué tamaño era el animal que emitía tal sonido. Y ella, sospechando su engaño, arrancó una hoja y la dejó caer. La zorra corrió hacia lo que creyó ser la cigarra y ésta dijo: «Te has equivocado, amiga, si supusiste que iba a bajar; pues yo me guardo de las zorras desde que en un excremento de zorra vi alas de cigarra».
Las desgracias del prójimo hacen prudentes a los hombres sensatos.Moraleja
Nº 184El perro dormido y el loboUn perro dormía a la puerta de una casa. Un lobo se le echó encima y el perro le pidió que no lo matara en ese momento. «Pues ahora —dijo— estoy…Leer la fábula →
Nº 6El águila con las alas cortadas y la zorraEn cierta ocasión un águila fue capturada por un hombre. Este le cortó las alas y la dejó en su casa en compañía de las gallinas. El águila estaba…Leer la fábula →
Nº 40La zorra y el macho cabríoUna zorra que había caído en un pozo llevaba largo rato en él. Un macho cabrío, forzado por la sed, llegó junto al mismo pozo y al verla le preguntó…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.