En cierta ocasión una pulga no hacía más que molestar a uno. Al atraparla le dijo: «¿Quién eres tú que te alimentas de todos mis miembros, picándome a la ligera y sin motivo?». Ella gritó: «Así vivimos, no me mates, pues no puedo hacerte un gran mal». Él, riéndose, le dijo así: «En un momento estarás muerta con mis propias manos, pues no conviene en absoluto que surja de ningún modo ningún mal, ni pequeño ni grande».
No conviene compadecerse del malo, grande o pequeño.Moraleja
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Nº 164El grajo huidoUn hombre que había atrapado un grajo le ató la pata a una cuerda de lino y se lo dio a sus hijos. El grajo, como no soportaba la vida con los…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.