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Ciervo
El ciervo admira la mitad equivocada de sí mismo. Alaba su ramaje de astas y desprecia sus patas delgadas, hasta que llega la caza, cuando las patas casi lo salvan y las astas se enredan en las ramas. La vanidad se prenda del alarde; lo útil queda sin amar. En la espesura aprende cuál era cuál, demasiado tarde. Esopo deja que las astas den la lección.