En lo alto de una roca estaba posada un águila, tratando de cazar liebres. Un hombre, disparándole con un arco, la hirió y la flecha penetró hasta dentro, pero la muesca con las plumas quedó ante sus ojos. El águila, cuando la vio, dijo: «Para mí es otro dolor el morir por mis plumas».
El aguijón del dolor es más terrible cuando el peligro parte de uno mismo.Moraleja
Nº 29Las zorras a orillas del MeandroEn cierta ocasión, se reunieron unas zorras junto al río Meandro, queriendo beber de él. Como el agua se precipitaba con un ruido estrepitoso, aun…Leer la fábula →
Nº 58El hombre y la zorraUn campesino, enojado con una zorra que le había causado innumerables daños, la cogió y, con la intención de darle un buen castigo, le ató al rabo…Leer la fábula →
Nº 67Las ranas vecinasDos ranas eran vecinas. Una vivía en una charca profunda y lejos del camino, la otra en él en muy poca agua. Y cuando la de la charca le aconsejó a…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.