Unos sacerdotes mendicantes que tenían un asno solían llevarlo en sus caminatas cargado con sus bagajes. Y he aquí que un día, muerto el asno de cansancio, lo desollaron y se hicieron atabales con su piel. Al encontrarse con ellos otros mendicantes, y preguntarles dónde estaba el asno, dijeron que había muerto, pero que ahora recibía más golpes que los que nunca había soportado en vida.
También, algunos criados, aun cuando salen de la esclavitud, no se liberan de los trabajos serviles.Moraleja
Nº 22Los pescadores y el atúnUnos pescadores que habían salido de pesca, aunque se fatigaron durante mucho tiempo, nada capturaron, y, sentados en la barca, estaban desalentados.…Leer la fábula →
Nº 53El náufragoUn ateniense rico navegaba junto con algunos otros. Y, como se hubiera levantado una violenta tempestad y la nave zozobrara, los demás intentaron…Leer la fábula →
Nº 67Las ranas vecinasDos ranas eran vecinas. Una vivía en una charca profunda y lejos del camino, la otra en él en muy poca agua. Y cuando la de la charca le aconsejó a…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.