Una víbora solía ir a beber a una fuente. Una culebra de agua que vivía allí trató de impedírselo, molesta porque la víbora no se contentara con el lugar donde comía y porque viniera también adonde ella vivía. Como la disputa cada vez iba a más, acordaron entablar una lucha y que la vencedora se quedara con la posesión del agua y de la tierra. Fijaron el día. Las ranas, que odiaban a la culebra, se acercaron a la víbora y la animaban ofreciéndose a luchar a su lado también ellas. Trabada la lucha, la víbora peleaba contra la culebra, y las ranas, que no podían hacer otra cosa, croaban con fuerza. Como venció la víbora, acusó a las ranas de que, aunque habían prometido aliarse con ella, no sólo no la habían ayudado en la lucha, sino que se habían puesto a cantar. Éstas le dijeron: «¡Eh tú!, sabe bien que nuestra ayuda se materializa no por medio de las manos, sino sólo por la voz».
, cuando hay que ayudar con las manos, de nada sirve hacerlo de palabra.Moraleja
Nº 67Las ranas vecinasDos ranas eran vecinas. Una vivía en una charca profunda y lejos del camino, la otra en él en muy poca agua. Y cuando la de la charca le aconsejó a…Leer la fábula →
Nº 22Los pescadores y el atúnUnos pescadores que habían salido de pesca, aunque se fatigaron durante mucho tiempo, nada capturaron, y, sentados en la barca, estaban desalentados.…Leer la fábula →
Nº 53El náufragoUn ateniense rico navegaba junto con algunos otros. Y, como se hubiera levantado una violenta tempestad y la nave zozobrara, los demás intentaron…Leer la fábula →Una fábula, cada domingo, en tu bandeja de entrada.